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Las pruebas de Polonia para la zona del euro

Los nuevos Estados de la Europa central y oriental que son miembros de la Unión Europea deben ingresar en la zona del euro como parte de sus acuerdos de adhesión, pero el de decidir cuándo adoptar el euro es un asunto objeto de un debate acalorado. Lo que está en juego no es sólo un cálculo económico, sino también un juicio sobre las perspectivas de la propia moneda única. Para muchos, los beneficios de la pertenencia a la Unión han disminuido desde que se inició la crisis financiera y los candidatos al ingreso, como, por ejemplo, Polonia, pueden obtener la máxima ventaja de ello sólo si tienen claras las condiciones económicas que antes deben darse en sus países.

Antes de que Polonia decida compartir la moneda con sus principales socios comerciales, debe examinar tres condiciones económicas fundamentales: su competitividad internacional, la flexibilidad de su mercado laboral y la solidez de su hacienda pública.

Los mercados de exportación de Polonia están aumentando constantemente, pero no porque el país comercie principalmente con otras dinámicas economías en ascenso ni porque exista una enorme demanda mundial de productos exclusivamente polacos. Al contrario: Polonia combina simplemente bajos costos (incluidos los salarios) con una producción de gran calidad. Por esa razón, a veces se la llama la “China de Europa”.

Pero la competitividad basada en el costo, en lugar de en el valor de la marca o la innovación, hace que la economía polaca sea vulnerable. Polonia carece de una competitividad profundamente asentada, como, por ejemplo, las de Alemania, los Países Bajos, Austria, Suecia o Suiza. Las exportaciones polacas se venden con nombres no polacos (italianos en el caso de los zapatos, por ejemplo, o ingleses en el de la ropa). Sus exportaciones de maquinaria forman parte de unas mayores redes multinacionales gestionadas por empresas alemanas, neerlandesas u otras empresas mundiales y, si el zloty se fortaleciera en gran medida, la ventaja de los costos de Polonia desaparecería.

Aunque las empresas polacas están esforzándose denodadamente para afianzar sus marcas en el extranjero, pueden necesitar decenios para conseguirlo. Entretanto, el país debe ser cauteloso a la hora de adherirse al mecanismo de tipos de cambio (MTC II): la estrecha franja dentro de la cual las monedas de los países candidatos deben funcionar durante al menos dos años antes de adoptar el euro. Hacerlo podría causar el fortalecimiento del zloty, como ocurrió con la corona eslovaca, y acabar con la ventaja competitiva de Polonia.

Otro importante aspecto de la competitividad de Polonia es su flexible mercado laboral. Uno de cada cuatro empleados no tiene un contrato fijo o es autónomo. Una cuarta parte del salario polaco típico comprende elementos variables. Pero los mercados laborables flexibles tienen también desventajas. Las empresas no suelen invertir en el talento de los trabajadores ni impartir nuevas aptitudes.

Por último, Polonia necesita una hacienda pública sólida, es decir, un margen fiscal para los estabilizadores automáticos durante las crisis económicas. Al ahorrar dinero para tiempos difíciles, el Gobierno puede aplicar medidas anticíclicas, sin por ello dejar de estabilizar la hacienda a lo largo de todo el ciclo. Semejante política fue aplicada con éxito en 2009 y 2010, pero, cuando las condiciones económicas se deterioraron más adelante, el Gobierno careció de los fondos que necesitaba.

Una competitividad amplia, unos mercados laborales de verdad flexibles y una presupuestación prudente no están fuera del alcance de Polonia. En cada uno de los casos, hay otros ejemplos nacionales que emular: la competitividad de Suiza, los mercados laborales de Dinamarca y la hacienda pública de Estonia, por ejemplo. Antes de que Polonia se adhiera a la zona del euro, su política económica debe ir encaminada a la consecución de esos criterios de éxito económico a largo plazo.

Fuente: df

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